sábado, 21 de enero de 2012

Sunday's Diary V

18 de Enero de 2018

Cuando ya no crees que va a pasar es precisamente cuando las cosas pasan. Cuando crees que ya solo son cenizas de tus sueños, porque los sueños, sueños son, entonces la realidad te sorprende haciendo realidad ese sueño con el que soñabas despierta desde hace años. Pero es tan surrealista que durante unos segundos piensas que aún es un sueño.

Es dulce. Tierno. Ligero. Suave. Amable. Largo. Perfecto. Único. Suyo.

Notaba mis piernas temblar. Mi cabeza daba vueltas y un agradable cosquilleo inundando cada parte de mi cuerpo. La única señal que necesito para saber que eso es real. Que el beso es lo más real que he sentido desde que esos sueños empezaron a invadir mi cabeza. Sueños sobre cómo podría ser. Sueños de algo imposible. Sueños de algo platónico y que sin embargo en ese momento tenía al alcance de mis manos.

Sentir después de tantos meses aquello que quería sentir y saber que es mejor de lo que mi mente, mis sueños, mi imaginación habían construido en mi pequeña cabeza. Fácilmente superable por todo lo que yo me había creado. Tan perfecto. Insuperable. Recuerdo haber tenido el instinto de llevarme una mano a los labios como si de aquella manera volviese a sentirlo.

Volver a sentirlo es tan fácil como lo fue mi siguiente movimiento. Esta vez fui yo pero es un contacto mucho más corto. Sentí formarse una sonrisa en mi interior y aquellas dos palabras salieron de mis labios. Dos palabras con un gran significado. Esas que a la gente tanto les cuesta decir. A mí no me costó nada. Lo dije desde el corazón. Fuese un susurro, a gritos o en un tono normal, fue el “Te quiero” más sincero que dije jamás... La última vez ni siquiera me atreví a decirlo.

Noté el metal sobre mi piel. La cadena que llevaba colgada al cuello y me decidí. La tomé con mis manos y la dejé en las suyas. Es lo único que podía ofrecerle en ese momento además de todo mi amor que ya le ofrezco... Que ya le ofrecía desde hace tiempo sin que él lo supiera y sin que yo supiera que él profesaba el mismo hacía mí.

Me siento feliz. Tan feliz que siento que soy hasta egoísta. Egoísta por ser feliz. Por saber que aunque ese último intento de sonrisa antes de irse es lo último que me ha mostrado hoy, volverá. Lo siento dentro de mí.
Pero sobretodo porque me quiere.

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