martes, 24 de enero de 2012

Sunday's Diary VI

25 de Enero de 2018

Veo mi mirada en el espejo y lo recuerdo. Perfectamente. Recuerdo mi mirada suspirando en la ventana y él apareciendo tras de mí. La diferencia es que ahora solo es un recuerdo. Y sí, mi mirada suspira en la ventana pero él no aparece tras de mí, solo es producto de mi imaginación. Una imaginación que hace que incluso lo vea reflejado en el espejo y que cuando me vuelvo me devuelve a la realidad. Sin nadie detrás de mí.

Ni ella ni él.

Hay ratos en los que me quedó en ese punto de la habitación donde ocurrió todo, donde me dio aquel primer beso después de que yo de una forma totalmente inconsciente me abriese totalmente a él, como si de un libro se tratara. Deje entrever mis sentimientos y lejos de alejarse, ignorar mis palabras o indignarse (incluso decirme que había perdido la cabeza) lo único que hizo fue lo que yo tanto había deseado.

Sonrisas. Se forman en mi rostro con una facilidad asombrosa cuando evocó ese recuerdo y el dolor que siento muy dentro de mí desaparece, como si algo lo empujase fuera durante aquellos lapsos de tiempo en que la felicidad es lo único que llena todo mi cuerpo. Me gusta sentirme así, pletórica aunque sepa que en pocos segundos la sensación de abandono vuelve a invadirme debido a su ausencia.

Extraño tanto las pisadas de mi madre por la casa de buena mañana que no sé cómo no me he dado cuenta antes de que eran tan notorias. Al igual que aquel olor que desprendía la cocina cuando cada mañana iba a desayunar, el sonido de la varita agitándose en el aire y el murmullo de mi madre conjurando aquellos hechizos que conseguían milagros. Daría lo que fuera por volver a oírlos, por verla conjurar aquellos sencillos encantamientos y recoger o limpiar la casa en un santiamén. Por volver a oír su risa invadiendo la habitación o simplemente notar su mirada sobre mí.

¿Cómo es posible que cosas que me molestasen antes ahora las echase en falta? Supuse que como bien decía aquel dicho, nunca se sabía lo que se tenía hasta que se perdía. Me pasó con mi abuelo y ahora me estaba pasando con mi madre y en cierto modo con Mihjail. Ha pasado una semana desde que vino a verme para decirme que iba a traer a mi madre de vuelta conmigo y aunque intento mantener la calma no puedo evitar ponerme más nerviosa a cada día que pasa.

Siento que mi vida pende de un hilo o más bien la de ellos dos. No sé donde están ninguno de los dos y aunque Jacques y su familia me cuidan de maravilla e incluso me mantienen distraída a ratos, siento que por todos los momentos en que me siento un poco feliz, los estoy traicionando a ellos. A mi madre que está en algún lugar de Londres encerrada y con muchas posibilidades de terminar como Sergey. Muerta. Y a él que ha ido a buscarla cuando en realidad no tenía ningún motivo real... ¿Lealtad? Posiblemente, aunque un pedacito de mi misma, espera que también haya sido por mí... ¿Es demasiado egoísta?

Lo peor de todo es estar rodeada de gente que quiere sacarte una sonrisa y que las dos únicas personas que quieres ver, que quieres abrazar, que quieres besar y a las que les quieres decir lo mucho que las quieres hasta la saciedad no están... Lo peor es esa incertidumbre en el corazón, el no saber si volveré a verlos. Si esa última advertencia de mi madre y aquel “Vete y ni se te ocurra volver. Es peligroso” con decisión y con aquella mirada firme que me había lanzado y podían a ser las últimas palabras que oyese de ella. Si ese último contacto sutil cuando nuestras manos se separaron antes de que yo echase a correr iba a ser el último. Si aquel último cruce de miradas antes de empezar a correr sería el último.

Si aquel único “Te quiero Sunday” iba a ser el único que oyese de sus labios, si aquel abrazo antes de irse iba a ser el último, si aquellos besos iban a ser los primeros y los últimos, si me iba a tener que contentar con saber que había sido correspondida...

Todo esto solo consigue una niebla azul me envuelva y me haga estar decaída todo el tiempo, como si nada fuese a lograr que recuperase la sonrisa, como si de alguna manera solo su regreso pudiera disiparla. Es triste pensar así... depender tanto del regreso de otras personas, pero el momento no sé de qué otra manera sentirme. Supongo y una parte de mí lo desea fervientemente... que con el paso de los días la niebla desaparezca y aunque no sea una sonrisa luminosa y radiante, pueda mostrarme mínimamente y demostrar que tengo confianza, cosa que ahora no logro hacer a pesar de tenerla.

La esperanza es lo último que estoy dispuesta a perder en esta batalla.

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