lunes, 22 de abril de 2013

Queenstown


 Queenstown, 11 de abril de 1912

Mi querida Tess,

Te prometí que te escribiría en cuanto pudiera y aquí me tienes. Estamos en Irlanda donde van a subir más pasajeros a bordo y aprovecharé para escribirte y mandarte esta carta. ¿Ves el papel? Es de la White Star Line y solo pueden usarlo los pasajeros de primera y segunda clases. Resulta que me he encontrado con Madison Blake y esta mañana me ha “secuestrado” de tercera clase y me ha traído hasta primera. ¡Me ha dejado bañarme en su bañera! ¡Una bañera Tess! ¿Sabes cuánto tiempo…? Bueno, en realidad no hace falta que te lo pregunté, viviste también en casa de los Whitakker. El camarote es precioso y me ha dejado un vestido precioso, ni siquiera necesito corsé para poder lucirlo… y las joyas. De acuerdo, madre nos dijo siempre que no teníamos que sentir envidia de las personas que tienen más que nosotros…, pero, ¡es imposible! Tendrías que ver las instalaciones de primera clase, esto parece un palacio flotante. Es doscientas veces más lujoso que la casa de los Whitakker, seguro que de estar aquí lady Rachel estaría rechinando sus dientes de rabia. ¡Soy capaz de imaginármela y todo!

El viaje hasta Southampton fue perfecto. Cansado, pero perfecto…, aunque voy a recalcar en lo de cansado porque me jugó una mala pasada anoche. Creo que en la vida lo he pasado tan mal, incluso puedo decirte que he pasado algo de vergüenza por verme en esa situación tan incómoda. Quizá ayer fruto del cansancio no me diese cuenta pero ahora te puedo asegurar que sí…, me da un poco de vergüenza. No recordaba que la falta de sueño pudiera jugarte tan malas pasadas… Estaba en el comedor y se me acercó una jovencita y un joven que había conocido ya antes en la cubierta. Fue una forma curiosa de conocerle, su hermana se coló por debajo de mi falda y de un momento a otro nos quedamos frente a frente prácticamente. Momento incómodo. ¿Sabes? No había pensado entablar conversación con nadie, no al menos de buenas a primeras y prácticamente nada más embarcar en el barco, pero fue tan fácil y natural que incluso olvidé que no le conocía de nada.

No es que todo lo que te vaya a contar a continuación vaya a tener mucha relevancia en un futuro cercano, ni lejano, porque después de todo solo es otro de los muchos pasajeros del Titanic. Se llama Pierre y a juzgar por su aspecto debe de tener mi edad, quizá un poco más mayor, a lo mejor es de tu edad, no lo sé realmente. Francés, aunque claro, eso dándote su nombre ya es algo que posiblemente has deducido. No voy a entrar en detalles pero tampoco voy a negar lo evidente… ¡No está de mal ver! De todos modos como he dicho antes solo es un pasajero más del Titanic. Me parece una persona que guarda mucho de sí mismo, secretos, no sé, pero no parece fácil que se abra… Todo lo contrario a mí… ¡Y ya sé que madre y tú siempre decís que no es bueno abrirse tanto, pero no puedo evitarlo! El caso es que ayer cuando perdí la consciencia en el comedor fue él quien me llevo hasta mi camarote… Lo último que recuerdo de anoche son sus ojos azules mirándome desde la litera inferior de mi compañera de camarote. Le dije que no hacía falta que se quedara conmigo, pero mira… insistió. Lo más gracioso es que esta mañana cuando me he levantado mis zapatos estaban en el suelo, junto a mi litera y no recuerdo habérmelos quitado (tampoco estaba en condiciones) así que solo me quedan dos opciones, o ha sido Beth o ha sido él… ¡Tendré que preguntarles! Me puede la curiosidad.

Mira, a lo mejor acabo este viaje teniendo un nuevo amigo. Uno que va a llegar tan perdido como yo posiblemente, aunque por suerte para mí, padre me estará esperando en Nueva York cuando el Titanic atraque. ¡Tengo tantas ganas de verle y volver a abrazarle! Te seguiré escribiendo aunque no pueda mandarte las cartas y cuando esté en Nueva York las mandaré, así no perderás detalle alguno de mi viaje. Me hace tanta ilusión contártelo todo… Ahora mismo estoy en uno de los cafés del barco, escribiendo con una pluma estilográfica, algo que jamás imaginé que podría hacer, claro que tampoco imaginé que pudiera estar en un sitio tan lujoso ni en la primera clase de un navío como el Titanic… Una muchacha está tocando una pieza en el piano, estoy segura de haberla oído antes en casa de los Whittaker, pero… no recuerdo su nombre. Tampoco es algo que las doncellas tuviéramos que saber…

¡Escríbeme! Tengo ganas de saber cómo está el pequeño Mike. Ya le echo de menos y aún no he cruzado ni una cuarta parte del Atlántico. Voy a extrañaros tanto… Y ya paro o acabaré llorando y estropeando este precioso papel.

Te quiere, tu hermana.
Valerie.

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