sábado, 29 de diciembre de 2012

7 de abril de 1912


- ¿Estás lista? – Su voz llega hasta mí haciendo que levante el rostro. Una media sonrisa asoma en el haciendo que mis labios se curven ligeramente hacia arriba. Sus ojos marrones examinan mi rostro con tal intensidad que una risa nerviosa escapa de entre mis labios.

- ¡No me mires así! – Espeto entornando ligeramente los ojos antes de echarme a reír haciendo que él también termine por reírse a carcajada limpia. – Shhh…. Que nos oirá la señora – Susurro en voz baja y casi al instante deja de reír, aunque se le nota en la cara que le está costando contenerse. Voy a echar de menos estos momentos aunque en los últimos cuatro años hayan sido más bien escasos. – Te voy a echar de menos… - Le digo aún en susurros tomando una de sus manos entre una mía.

Toby se ha convertido en mi mejor amigo a lo largo de estos cuatro años. Llegué a la mansión Whitakker con mi hermana Theresa cuando tenía catorce años y ella dieciséis. Habíamos tenido que empezar a trabajar para ayudar a nuestros padres económicamente y para poder independizarnos en un futuro, sobretodo después de que nuestra madre quedara incapacitada para el trabajo que había hecho toda su vida tras un accidente. Aún así no era tan extraño que las jóvenes de nuestro estatus social comenzáramos a trabajar a temprano edad. En nuestro caso en particular, siempre tuvimos algo de comida que llevarnos a la boca y nunca nos falto nada, pero con la invalidez de mi madre y el hecho de que algún día tendríamos que valernos con nuestro propio sustento, muy a su pesar nuestros padres tuvieron que mandarnos a trabajar. En un principio solo habían querido mandar a Tess, pero al final debido a la situación en casa yo también había tenido que partir a trabajar.

¿Qué si recuerdo la primera vez que me vi frente a aquella intimidante casa? Sí, perfectamente. Me sentí pequeña y mi hermana envolvió la mano que tenía más cerca suya con una propia haciendo que me sintiera protegida y un poco más fuerte. Sentí que con ella al lado podría cruzar aquellas enormes puertas de roble y enfrentarme a lo que fuese que hubiese dentro. Ahora en cambio, mis ojos se posan sobre esas mismas puertas y esas mismas altas paredes que me intimidaron años atrás y lo único que siento es que me quito un peso de encima sabiendo que jamás voy a volver. No espero que lady Rachel venga a despedirse de mí, no, eso sería arrastrarse demasiado para una plebeya como yo y definitivamente no es algo que vaya con ella.

La que sí que aparece por la puerta es Cloe que ayer por la noche me regaló uno de sus vestidos que su madre había decidido tirar. Según sus propias palabras “prefiero que lo tenga alguien que le vaya a sacar provecho a tirarlo a la basura”.  Se acerca hasta mí con una cándida sonrisa antes de brindarme un abrazo que me reconforta, puede que sea una persona de alta clase social pero eso no la hace menos humana desde luego. Siento a Toby observarme, es el que me va acompañarme una parte del camino y antes de que me dé cuenta ha cogido la única maleta que sostengo con una de mis manos. Soy una chica con pocas posesiones, aunque entre ellas están las más importantes desde luego: ropa, un collar regalo de mi hermana a la que dejo aquí en Inglaterra, unos pendientes de perla pertenecientes a mi madre y un libro que me regalo Christopher.

Christopher, aparece justo en este momento por la puerta con una leve sonrisa en el rostro. Noto que tiembla incluso desde la distancia donde estoy y pongo la mano en el fuego que es la persona a la que más le duele mi partida. Sus pupilas tiemblan cuando se encuentran con las mías y soy capaz de percibir la vacilación en su cuerpo antes de acercarse hasta mí y abrazarme contra él de forma que me llenó de su aroma, como aquella noche, como aquella única vez que estuvo tan cerca de mí. Sé perfectamente la reprimenda que le va a costar esto una vez me haya marchado, pero supongo que prefiere correr el riesgo a carcomerse el resto de su vida por no haberlo hecho. Le abrazo fuerte durante unos segundos y tengo incluso la sensación de que voy a echarme a llorar – Mi ángel de la guarda – Le susurró al oído esbozando una sonrisa totalmente invisible para él. Una sonrisa que solo Dios es capaz de ver en esos momentos. Y estoy segura de que él ha esbozado otra porque sabe perfectamente el significado de esas palabras, estoy segura porque siento como me abraza un poco más fuerte antes de aflojar la presión.

- Prométeme que me escribirás… - Me susurra antes de separarse de mí. – Quiero saber que estarás bien, Valerie. – Sé que es sincero, puedo verlo en sus ojos verdes que me miran y sentirlo en sus manos que me apartan unos cuantos mechones de la cara. Ya no soy su doncella, ya no soy una de sus criadas, ya no estoy a su servicio. Ahora soy simplemente aquella jovencita a la que una noche salvó y con la que estableció una relación especial. Nada más allá de lo platónico.

- Te lo prometo. – Le respondo con seguridad y en su rostro se dibuja una sonrisa. Una sonrisa llena de alivio y esperanza. ¿Cómo voy a pensar siquiera perder el contacto con alguien que me salvó? Evitó que pasara por un trauma horrible, evito que todo aquello no fueran más que lágrimas por el miedo pasado. Podría haber sido peor… nunca se saben cómo terminan ese tipo de situaciones. Sé perfectamente que podría estar muerta. Me vuelvo hacia Toby, puedo ver en sus ojos la curiosidad y sé que me va a interrogar durante el camino sobre lo que acaba de ver. Sí, se podría decir que nuestro secreto ha quedado al descubierto, porque ahora ya no nos puede hacer daño. Solo se puede mantener un secreto de forma eficaz si una de las partes está muerta y este desde luego no es el caso.

La última que vuelvo la vista los hermanos están tomados de la mano y agitan sus manos para despedirse de mí, puedo vislumbrar una sonrisa en sus rostros y del mismo modo tristeza… Son sentimientos totalmente contrapuestos pero que en este tipo de situaciones se complementan a la perfección. Tanto es así que… - ¿Se puede saber a qué ha venido eso? – Oigo decir a Toby a mi lado y no puedo evitar sonreír. Está claro de que habla y yo ya me he mentalizado para ello así que no me queda otra que contarle ese secreto que llevo tres años guardando dentro de mí.

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