miércoles, 8 de enero de 2014

Terra y Fauno

Esta historia empieza hace muchos años, incluso antes de que existiese la tierra y la propia vida. Es una historia que se remonta antes de la creación del mundo tal y como lo conocemos. Antes de que los continentes adquirieran los nombres por los que hoy en día los conocemos. Ocurrió hace miles, millones, billones de años...

Dos espíritus que vagaban sin rumbo por el ilimitado universo decidieron que era el momento adecuado de usar el poder con el que habían empezado a existir de una manera útil, creando aquello que bullía en sus mentes desde hacia tiempo y nunca habían sabido cómo crear. Posiblemente el problema hubiese estado en el hecho de que hasta el preciso instante en que decidieron usar sus dones no habían aprendido como usarlos, porque no habían tenido una necesidad real de ello.

Durante muchos años las leyendas que plagaron el mundo les conocieron como La Diosa de la Creación y el Dios de la Vida, por haber hecho precisamente eso: crear el mundo y la vida de la nada. Terra que siempre fue cariñosa y dulce, decidió usar su don divino para hacer realidad el mundo que ahora poblan los humanos y al que le puso su mismo nombre, para de este modo ser recordada durante el tiempo que el planeta existiera. Extendió sus brazos y con sus manos dibujo una circunferencia imperfecta en medio del universo, cerca de dos de los astros más importantes: el sol y la luna. El sol porque iba a ser la fuente de vida de todo aquello que fuese a existir dentro de aquella imperfección aún vacía y la luna porque del mismo modo que el sol daría vida, tenía que haber algo que diese lugar al descanso y a la oscuridad, contradiciéndose a la luz y la calidez del astro rey.

Se quedó observando su creación aún vacía mientras Fauno la observaba con curiosidad como si quisiera anticipar el siguiente movimiento de su hermana que se cruzo de piernas en medio del espacio mirando con atención el comienzo de su creación. Una sonrisa cruzó su rostro antes de llevarse una de sus manos a sus cabellos oscuros arrancándose un mechón de los mismos que dejó caer dentro de aquella circunferencia y que empezaron a dibujar formas en su interior que después de un destello eran de colores marrones y verdes y además estaban separados entre sí por trozos de “nada”. Había creado los continentes y sonrió satisfecha en especial cuando su hermano frente a ella asintió en silencio. La tierra roja, la naturaleza... Si se acercaba y metía la cabeza en aquella circunferencia, podía ver como si realmente estuviese muy cerca su propia creación. Podía extender la mano y notar la hierba bajo sus yemas e incluso contemplar los árboles.

Invitó a su hermano a explorar su creación y cuando este pareció conforme, sus ojos brillaron de emoción. Por fin todas aquellas ideas que había tenido tanto tiempo en su cabeza se estaban llevando a cabo y por la mirada de su hermano estaba consiguiendo su propósito. Aún así ella creía fervientemente que faltaba algo. Esa “nada” tenía que rellenarse con algo. Que algo que de alguna manera conectase todos aquellos pedazos de tierra roja, pero que al mismo tiempo no fuese aquel vacío, aquel agujero negro que de alguna manera parecía unirse más al espacio exterior.

Pensó y pensó durante largo tiempo bajo la mirada de Fauno hasta que pareció dar con la respuesta. Sus ojos se elevaron hasta encontrarse con los de él y entonces los cerró dejando que unas pocas lágrimas rodasen por sus mejillas antes de tomar unas pocas con sus delicados dedos y dejarlas caer dentro de la creación. Las lágrimas cayeron en el vacío y se extendieron con rapidez llenando aquellos espacios entre la tierra de agua. Agua salada y agua dulce. Salada porque habían sido fruto de las lágrimas y dulce porque su creadora poseía un corazón dulce y tierno que había creado la Tierra con todo el cariño que albergaba dentro de ella.

Dio paso entonces a su hermano, haciéndole un gesto con la mano, invitándole a dar su parte a aquello que habían decidido crear. Él la miró unos segundos antes de acercarse y decidió que empezaría por aquello que su hermana había dejado para lo último. Miró a su alrededor unos segundos como si estuviese buscando algo, pero aparte del sol, la luna, los planetas y las estrellas allí no había nada. Al final metió una de sus manos dentro de la Tierra hasta alcanzar el mar tomando agua en la palma de la mano. La acercó hasta sus labios y sopló con suavidad. El agua desapareció de su palma y en su lugar las diferentes especies acuáticas chapoteaban intranquilas. Rió divertido antes de esparcirlas por el mar que su hermana había creado. La miró unos segundos y entonces recordó que había creado dos tipos de agua y repitió la operación esta vez con el agua dulce, creando hacía la fauna marina tanto de agua salada como dulce.

Terra ilusionada empezó a aplaudir como si se tratase de una niña pequeña que acababa de ver la mejor actuación del mundo, en realidad así era. Fauno la observó unos segundos antes de que sus labios se perfilasen en una fina sonrisa. Le acarició uno de los mechones de su largo cabello y aunque parecía que iba a arrancárselo sin piedad alguna, sus dedos simplemente se deslizaron como si estuviesen peinándolo.

Volvió a introducir su mano en el globo terráqueo, tomando en esta ocasión tierra, piedras, hierbas y hojas de diferentes árboles. Junto ambas palmas de las manos, con todas aquellas piezas entre ambas. Levantó la mirada hacia Terra antes de estrujar con fuerza las manos, seguro de que todo lo que había dentro se había convertido en polvo. Incluso se aventuró a mirar separando ligeramente las manos, pero sin dar oportunidad a la curiosidad de su hermana para ver lo que había. Las agitó unas cuantas veces y volvió a mirar a Terra esbozando una amplia sonrisa. Sonidos llenaban el universo en aquel momento y Terra enseguida supo que provenían de las manos de su hermano que la dejó con la curiosidad unos momentos más antes de volver a introducirlas en la tierra y abrirlas. Aves de todas las clases, así como todos los mamíferos que puedas imaginar salieron de las manos de Fauno y fueron a posarse en diferentes puntos del mundo, la mayoría en manadas y en zonas con los climas adecuados para ellos.

Dejó escapar una risita cuando vio como su hermana los observaba emocionada, siguiendo cada uno de sus pasos por aquel mundo que había creado y, cuando sabía que ella no se daría cuenta agarró un mechón de su cabello y esta vez si se lo arrancó. Terra se volvió hacía el mirándole, en sus ojos una mezcla de curiosidad y enfado, viendo como el mismo se arrancaba un mechón de pelo que entrelazó a continuación con el de su hermana. Una vez entrelazados los hizo girar varias veces entre sus dedos con sus ojos fijos en ellos antes de volverse hacía el mundo y dejarlos caer en su interior.

Terra estaba segura de que no iba a pasar nada, mientras que Fauno cruzó los brazos orgulloso de sí mismo. Seguro de que iba a funcionar y en efecto, funcionó. A medida que iban cayendo hacía el interior de la tierra algo los hizo descomponerse, hacerse mil pedazos pero lo más maravilloso de aquello fue que de cada uno de aquellos pedazos, nació una figura a imagen y semejanza de Terra y Fauno. El hombre y la mujer. Ella sin creérselo miró a su hermano antes de sonreírle totalmente orgullosa de él.

Una sonrisa que se apagó cuando vio su mirada. Una mirada que había pasado del orgullo que sentía por haber logrado aquello a una tristeza que ella no entendía. Notó como le acariciaba la mejilla y se acercaba a uno de sus oídos. Los labios de su hermano apenas se separaron, apenas se movieron pero pudo entender perfectamente lo que le dijo. En ese momento supo que aquello era una despedida, un adiós y sus ojos por primera vez en tanto tiempo se llenaron de lágrimas de tristeza.

“Nos volveremos a encontrar”.

Le miró negando con la cabeza mientras las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas. ¿Por qué ahora que habían cumplido con su misión tenían que separase? No era justo. Pero sabía en el fondo de ella misma que aquello tenía que ser así. Su hermano le tendió la mano y aunque temblorosa, ella la tomó entre las suyas. Sabía que aquella era la última vez que le iba a ver de aquella forma, con aquel aspecto, pero también sabía que una vez se fusionasen todo iba a cambiar. Él sonrió y ella le devolvió la sonrisa antes de que aquella luz salida de la nada les fuese ocultando el uno al otro de su vista. Empezaron a sentir como su cuerpo se deshacía y se convertía en algo más. En algo mágico. En algo poderoso. Hasta que todo aquel poder estalló, provocando una lluvia de luz que cayó sobre todos los puntos de la tierra, tocando cada una de sus partes... Cada lágrima de luz rozó, tocó o acarició a cada uno de los animales, así como plantas, hombres y mujeres que vagaban por la tierra dotándoles del sentido de la ley y el orden, pero lo más importante de todo es que les dotaron de un alma.

La fusión de Terra y Fauno había conferido un alma a cada uno de los seres vivos del planeta y aunque se habían separado, aunque aquel último regalo al mundo había supuesto que ellos se separaran, volverían a encontrarse en aquel mundo. Dos gotas, dos lágrimas de luz que habían caído en la tierra y se habían transformado en algo totalmente distinto, mágico y poderoso, encerraban en su interior el alma dormida de Terra y Fauno, una vez fueron hermanos pero a los que ahora les esperaba un destino aún más grande. Iban a estar conectados, unidos siempre, para toda la eternidad de un modo u otro.

2 comentarios:

  1. Me sorprende tu imaginación, en serio! Y dices que esto lo has rescatado hace poco? Me encanta! Ojalá tuviese el mínimo de imaginación que tienes tú...

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  2. Awwww *-* Sí, lo escribí hace 2 años pero nunca lo había publicado xDDD Se podría decir que es la precuela de El legado de Reikha que anda por aquí también xDDD y tengo a medias otra cosa de la misma historia, peeeero... ahí se ha quedado por ahora (?)

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