lunes, 23 de septiembre de 2013

Interpretando a Spencer Hastings

Mi mirada estaba puesta sobre el documento en blanco en el ordenador. Bueno, no estaba del todo en blanco. Arriba, en la cabecera había un título en mayúsculas y negrita que destacaba: Historia de Rusia; pero más allá de eso no había sido capaz de escribir nada del trabajo que debía entregar de allí a una semana… Vamos, eso creía recordar mi cerebro en esos momentos. El problema es que no encontraba la concentración necesaria. No, desde que había recibido aquel inquietante mensaje. Volví a coger el móvil para releerlo.

Pobre Spencer. Siempre quiere los novios de Melissa. Pero recuerda, si besas yo lo cuento –A

Me había estremecido hasta el punto de que mis manos habían empezado a sudar y todo. Inconscientemente me acordé de aquel momento cuando Alison vió como Ian, después de “enseñarme” cómo debía coger el palo de hockey hierba, me besara. Me recordó ese momento por sus palabras. Recordaba aún la palabra zorra saliendo de sus labios y cómo más tarde, cuando ocurrió todo lo de Jenna y yo la amenacé con contarlo, ella me amenazo de vuelta con contarle a Melissa lo que había pasado entre Ian y yo. ¡Un beso! Realmente ahora me paraba a pensarlo y debería haberla dejado ir a contárselo a Melissa, después de todo el castigo para Alison por lo de Jenna habría sido mayor que mi humillación. Sólo podía resumir mi acción en una palabra: cobardía.

¿De verdad habría ido Alison a contárselo a Melissa? Bueno… mejor me preguntaba a mí misma, si realmente hubiera sido capaz de ir a la policía y contar lo de Jenna, ya que después de todo Alison no dudaría un segundo en meternos en el saco a todas las demás. Nos arrastraría con ella. Después de todo, había dejado bastante claro aquella noche que todas estábamos allí y que cómo amigas eso era cosa de todas. Alison sabía perfectamente cómo amarrarte y cómo conseguir que hicieras lo que ella deseaba, lo que más le convenía en cada momento.

Suspiré llevándome una mano a la barbilla y apoyando el codo sobre la mesa del escritorio, nuevamente con mis ojos castaños perdidos en el blanco del documento sin empezar. Debía empezar a teclear y ya, todo fuera por quitarme de la cabeza aquel mensaje. Eso y el hecho de que Melissa y Wren iban a mudarse al granero, que yo misma me había encargado de remodelar de arriba a abajo, estaba claro que para Melissa quitarme eso significaba un triunfo y para mí, un fracaso. El problema era que la concentración seguía fallándome y estaba frustrándome a cada minuto que veía que pasaba en el reloj del portátil. Al final me levanté, aún con todas aquellas emociones recorriéndome el cuerpo. Últimamente tenía demasiadas y de lo más variado. Sólo tenía que recordar mi extraño encuentro con Tobías Cavanaugh. No! No pienses en eso… o el secreto que Omar me había expuesto y me ponía la piel de gallina cada vez que lo pensaba, me sentía tan mal por no haberme dado cuenta antes… ¡No! ¡No pienses en eso tampoco! me gritó prácticamente aquella vocecita dentro de mi cabeza mientras yo me paseaba por mi habitación.

Entonces, entonces, ¿en qué demonios podía pensar yo? ¡En nada! Me hubiese encantado poder dejar la mente en blanco durante unos momentos. Olvidarme de aquel mensaje de ese tal “A”, olvidarme de lo extraña que me había sentido en presencia de Cavanaugh, olvidarme de las palizas que Omar me había dicho que había recibido durante años. Acabé pasándome las manos por el cabello unas cuantas veces, antes de volver a acercarme al espejo de mi cuarto y volver a arreglarme el peinado. Estar perfecta lo era todo en mí familia, desde luego.

Fue a la vuelta cuando no pude evitar quedarme parada delante de la ventana. La ventana que daba directamente a la casa de los DiLaurentis, que en esos momentos estaba habitada por la familia St. Germain, sabía que Emily conocía a la hija. Las había visto juntas en el instituto e incluso me parecía haberlas visto llegar en alguna ocasión juntas a casa de Alison. Sí, para mí seguía siendo la casa de Alison, no podía relacionarla, aún al menos, con los St. Germain. Me quedé parada en ese punto, viendo el reflejo de mi rostro en los cristales de mi ventana y al otro lado de la misma la ventana que daba a la habitación de Alison, con las luces encendidas, iluminándola aunque sin mostrar nada, o eso creía yo…

Una figura femenina de cabellos rubios pasó por delante de la ventana. Esa forma de moverse me recordó instantáneamente a Alison, pero no sólo eso, también los cabellos, cómo estaban ondulados… - Alison… - El nombre de mi amiga salió de entre mis labios sin pedirme permiso, justo en el momento en que aquella visión desapareció de delante de mis ojos. ¿Era realmente ella? ¿Alison? ¿Pero qué hacía en su dormitorio? ¿Y por qué nadie la había visto entrar? ¿Por qué nadie la había visto en esos momentos? ¿O eran solo delirios que creaba mi mente cansada? Cansada de tantas emociones y del dichoso trabajo de Historia Rusa que prácticamente tras ver aquella visión había olvidado.

Me quedé mirando en el punto exacto dónde había visto desaparecer a… ¿Alison? Hasta que el ruido de sirenas de policía y el reflejo de las luces intermitentes azules y rojas contra mi ventana, que incluso me molestaron, me sacaron del ensimismamiento. Me acerqué presta hasta la ventana abriéndola incluso para observar atónita que aquellos coches de policía se habían parado delante de la casa de Alison. Desde allí no podía verlo bien o no todo lo bien que desearía, así que cerré nuevamente la ventana y cogiendo una rebeca que me puse por encima de la ropa salí rauda de mi habitación y bajé a paso ligero por la escalera. –¿Melissa? – Llamé para saber si mi hermana estaba en casa, pero no recibí respuesta alguna. Había estado tan metida en mis cosas aquella tarde que ni siquiera me había dado cuenta de que tanto Wren como ella se habían ido.

En lugar de salir por una de las puertas traseras que daban al granero y al jardín, decidí salir por la entrada principal. Seguí el camino hasta el muro que daba a la calle, abriendo la puerta de metal y saliendo a la calle. Había muchísima gente, mucha de ella curiosa, se estaba acercando hasta dónde se concentraba toda la atención: la casa de los DiLaurentis. Algo había pasado… algo grave, sino, la policía no estaría allí. Una cinta amarilla acordonaba la zona y aunque no lo busqué enseguida vi la furgoneta, aqduella que hizo que se me cayera el alma a los pies.

Todo había cobrado sentido. Todo menos mi visión.

Las luces, la policía, la gente allí arremolinada y que fuera precisamente en la antigua casa de los DiLaurentis que hubiera pasado algo. La habían encontrado. La garganta se me secó en el mismo instante en el que entendí por qué se encontraba allí la furgoneta de la unidad forense de Rosewood. Sólo podía ser por una cosa: habían encontrado el cadáver de Alison. ¿De quién sino?

Las manos me volvieron a sudar y no pude evitar cruzarme de brazos, sin moverme del sitio, quedándome delante de mi casa, con la mirada fija en la gente que acudía hasta la casa de enfrente, la casa dónde había vivido mi amiga y vecina durante años. Un nudo se me formó en la garganta porque aunque había ido perdiendo las esperanzas a lo largo del último año, realmente no quería que terminase así… No quería que terminase con Alison muerta.

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